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dilluns, 17 de desembre de 2012

París muy barato

Son muchos, demasiados, los que asocian París a precios inalcanzables. No es verdad, especialmente para aquellos que nunca han tenido la suerte de disfrutar de la capital francesa. Si esta es la primera oportunidad que tenéis de vistar la ciudad de las luces y del amor, enhorabuena. Hay decenas de actividades típicas gratuitas o a bajo coste. El presupuesto se puede recortar a niveles más que asumibles.

Tras mi año como estudiante allí, estas son mis recomendaciones:

1- Programad el viaje en los meses de septiembre, octubre, abril o mayo. Las temperaturas son excelentes en esos meses, ni os congelaréis ni os asaréis, lo que os permitirá disfrutar de la mejor actividad gratuita que ofrece la ciudad: pasear. 

2- Si se rebusca bien, hay albergues céntricos por buen precio, y hoteles dignos por menos de 50 euros la habitación. Lo ideal, desde luego, es ir a visitar amigos que vivan en la ciudad. Y si no, siempre queda la excelente opción de AirBnB.

3- Muchos de los monumentos básicos que nadie puede dejar de visitar son, por suerte, gratis. Tenemos la bellísima catedral de Notre-Dame, joya del estilo gótico. O la basílica del Sacré Coeur, blanca y neobizantina, a cuyas puertas disfrutaremos de unas vistas de la ciudad inolvidables. 

4- Respecto a los impresionantes museos, son gratis casi todos el primer domingo de cada mes. Si programais vuestro viaje en esas fechas, perfecto. Si no, también son gratis siempre para los ciudadanos de la Unión Europea menores de 26 años. El d'Orsay, el Georges Pompidou, el Picasso, el de la Edad Media... os llevará días verlos todos. Sin embargo, atención porque el Museo del Louvre sólo es gratis los primeros domingos de los meses de octubre a marzo. Ocurre lo mismo con monumentos como la Sainte Chapelle, el Arco del Triunfo, Invalides, el Panteón o el palacio de Versalles, que limitan su gratuidad a los primeros domingos de noviembre a marzo. Por último, muy recomendable la "nocturne" del Musée des Arts et Métiers, que abre gratis para todo el mundo los jueves de 18 a 21. El museo recorre el progreso tecnológico en varios campos: del transporte a las telecomunicaciones pasando por la energía o la automatización de movimientos, numerosos objetos históricos se exponen, entre ellos máquinas de vapor de James Watt, algunos de los primeros aeroplanos, las cámaras de daguerrotipos, uno de los primeros satélites de telecomunicaciones (el Telstar 1) o las pilas de Volta. En la sala principal se encuentra el original a escala de la Estatua de la Libertad de Bartholdi.

5 - Si sois unos/as fashion victims, nada mejor que pasear y curiosear por las vitrinas e interiores de las boutiques de las firmas francesas a lo largo de los elegantes Campos Elíseos o la chic rue Saint-Honnoré. Además, se puede disfrutar cada semana de forma gratuita de desfiles de modelos con los mejores diseñadores franceses en las Galerías Lafayette. Simplemente aseguráos una silla reservando por email. Las concept store que abundan por la rive gauche son también espectaculares. Perdeos por los 6ème y 5ème arrondissements.

6- Los tres aeropuertos parisinos cuentan con autobuses o RER que os conectarán de forma rápida y asequible con la ciudad. Olvidad los taxis a no ser que seáis cuatro personas con maletas de mano.

7- Para los desplazamientos internos nada de forfaits turista ni chorradas de esas. Comprad los llamados carnets de 10 tickets sencillos de metro al 30% de descuento. No gastéis más. Recordad que París bien merece una buena caminata (¿o era una misa?). Tampoco está nada mal por unos pocos euros alquilar una bici del sistema público Vélib.

8- Para comer muy barato y típico, lo mejor es abusar de las deliciosas boulangeries que hay en cada esquina. Desayunos con croissants, pains au chocolat  y pains au raisin recién hechos saldrán baratos. Evitad las caras cafeterías: también hay café y otras bebidas en numerosas panaderías a mejor precio. Mientras paseamos podemos hacer otra parada técnica en estas mismas panaderías para tomar una quiche recién hecha. O si queremos algo mejor, por 10-12 euros incontables restaurantes y bistros ofrecen formules con primeros, segundos y postres. Importante siempre pedir jarra de agua, une carafe d'eau (es gratis). Las bebidas son muy caras en restaurantes. Para cenar comida típica francesa sin gastar mucho,aunque la calidad sea media, hay que dirigirse a la parte más turística del barrio Latino, entre el boulevard Saint-Michel y la rue du Petit Pont. En este mismo barrio, pero en la rue Mouffetard, nada mejor que cenar crepes salados en la calle. Deliciosos, gigantes y baratos. Para restaurantes típicos, también baratos, pero de algo más de calidad, los callejones sin turistas de Montmartre esconden verdaderas joyas. Si buscáis restaurantes curiosos, bonitos, típicos y, sobretodo, asequibles, os recomiendo mi entrada De restaurantes por... París. Por último, para almuerzos de pick-nick, nada como ir a un supermercado, un mercado callejero o una fromagerie y comprar algunas piezas de queso francés acompañadas de foie, pâté o rillette y de una baguette recién horneada de cualquier boulangerie. Y de postre, alguna tartaleta de frutas o para los más golosos, un éclair de chocolate o de crema. Aunque sería un crimen perderse todo un clásico parisino: los macarons.

9- Para salir de fiesta, hay varias discotecas gratis. Los martes, por ejemplo, los extranjeros entran sin pagar en Le Duplex, discoteca subterránea de varias salas a los pies del Arco del Triunfo. Y los jueves, también todo extranjero entra gratis a Le Mix, gran discoteca de una sala, también subterránea, a los pies de la tour Montparnasse. Eso sí, aseguráos de haber bebido en la casa/hotel/albergue, porque las bebidas en el interior no son nada baratas. En los supermercados hay buenos vinos por algo más de cinco euros. Por supuesto, en París lo más común son las soirées en apartamentos y residencias. Si sois capaces de lograr colaros en algunas... ¡enhorabuena!

10- Si es imprescindible llevar recuerdos a familia y/o amigos, id a las numerosas tiendas de Montmartre los precios de los recuerdos son de chiste, especialmente las torres Eiffel de llavero, bonitas, típicas y ultrabaratas: mi récord es conseguir diez por un euro... sin esforzarme nada.

11- Vistas bonitas hay muchas y gratis. Subid a las azoteas de Galerías Lafayette o del Institut du Monde Arabe para tener dos bellas vistas, totalmente diferentes, de la capital. Los lugares altos que son de pago, como subir a la Torre Eiffel o al Arco del Triunfo, dejadlos para otra ocasión. Si nunca habéis estado en la ciudad hay demasiado que hacer gratis. Admirar estas dos bellezas desde fuera será más que suficiente. Mi terraza favorita es la de los grandes almacenes Le Printemps en Grands Boulevards.

12- Los parques también merecen tiempo suficiente, especialmente el parc de Luxembourg, el de las Tullerías o el no tan famoso pero muy impresionante parc des Buttes Chaumont. Otoño y primavera, fechas en la que de nuevo os recomiendo visitar París, muestran los mejores colores de estos parques.

13- Durante la noche, a cada hora en punto, la Torre Eiffel se ilumina con miles de bombillas intermitentes ofreciendo un espectáculo mágico que no dejará a nadie indiferente. Y en los días despejados, el atardecer desde la plaza más bonita de París, la de la Concordia, es simplemente perfecto.

14- Respecto a espectáculos, todos los 21 de junio París se llena de todos los tipos de música, en directo, por todos sus barrios e instalaciones. A principios de cada octubre, normalmente un sábado, se produce la Nuit Blanche, cuando los museos y muchos edificios que normalmente están cerrados al público abren de forma gratuita toda la velada. Si os queréis salir un poco del presupuesto, por alrededor de 20 euros tendréis el privilegio de asistir a los mejores asientos de platea de la Opera Bastille, por ejemplo, si hacéis cola pocas horas antes de cada función. Por ese precio me senté justo detrás de Durao Barroso cuando fui a ver Hamlet.

Si ya habéis estado en París y queréis profundizar en su exploración, lo mejor es que leáis mi entrada del París más curioso, que este sí, necesita de un poco más de presupuesto para disfrutarlo bien (tampoco mucho más). Y si queréis consejos sobre restaurantes franceses y como conseguir buenos precios, os ofrezco más información aquí y aquí.

dijous, 18 d’octubre de 2012

The Pinoy Life

Empiezo un nuevo blog con toda la ilusión. En él, os contaré todas las situaciones curiosas, chocantes y raras que me ocurren en el día a día en la capital de los filipinos, un pueblo hospitalario, alegre, optimista pero sobretodo, muy diferente para un europeíto de a pie como yo.


Intentaré contaros algo corto cada día. Una curiosidad sobre Manila, sobre Filipinas, algo que me haya pasado, coincidencias, situaciones graciosas, gastronomía, cultura... será un halo-halo en toda regla, que en tagalog (lengua cooficial junto con el inglés) signfica mezcla-mezcla. Además, el proyecto será bilingüe. No os asustéis si al principio lo véis en la lengua de Shakespeare. Seguid leyendo y encontraréis la versión castellana.

Por supuesto, "El mundo nunca es suficiente" no se va. Aunque sufrirá retrasos. Pero los posts seguirán siendo tan largos como siempre, nada que ver con la brevedad de mi nueva aventura bloguera. Una nueva etapa asiática empieza, con entradas que os anticipo podrán ser sobre ciudades tan cosmopolitas como Hong Kong, Taipei o Singapur, el festival de los cerezos japonés, la solemnidad de los templos de Angkor Watt, las playas paradisíacas de Bali, Boracay o Bohol, o una ruta mochilera por Vietnam. 


divendres, 12 d’octubre de 2012

Desde Manila...

Tras varios dias con el blog paralizado, vuelvo a la carga. Ya instalado en la capital de las islas Filipinas. La antigua perla del Pacifico, Manila, fue la ciudad mas bella de la región. Sin embargo, tras los bombardeos japonés y posteriormente estadounidense, que redujeron la ciudad a cenizas durante la II Guerra Mundial, Manila nunca recuperó su belleza.

Ahora es una megalópolis de 20 millones de almas. Conjuntos elegantes como Makati o ultramodernos como Fort Bonifacio conviven con la caótica estampa de casas cutres y palacios en ruinas de Binondo, rascacielos venidos a menos en Malate o casuchas en metal y placas de zinc en Quiapo. El barrio con mas interes histórico es Intramuros, donde antes vivía la élite colonizadora española. Sin embargo, incluso esta zona perdió el encanto que tuvo y no gustará a casi ningun turista, a pesar de contar con la iglesia mas antigua del Lejano Oriente: San Agustín, donde está enterrado Legazpi, el fundador de Manila.

En esta ciudad los rascacielos crecen como setas, al ritmo del acelerado crecimiento de la economía filpina, incluso en los años en que la crisis financiera azotaba al mundo de forma más severa. En puridad, Manila es solamente una de las ciudades que componen la llamada National Capital Region.

Desde ahora os escribiré desde el piso 37 de un rascacielos en Mandaluyong, otra de las ciudades que componen la NCR o Metro Manila. Aquí me he instalado para quedarme un tiempo gracias a las oportunidades laborales que abundan en esta ciudad. Y desde aquí os iré contando mis nuevos descubrimientos en el país de las más de 7000 islas, así como en otros paises que tengo planeado "atacar". Muy probablemente os este narrando pronto las curisidades gastronómicas de las callejuelas de Hong Kong, la belleza de los templos camboyanos, la perfección de Singapur o los paisajes selváticos vietnamitas.

Ya publiqué en su día entradas contando las curiosidades deManila, así como algunos de sus mejores restaurantes. Y también la semana que pasé descubriendo la alargada isla de Palawan. También estoy preparando otro blog, de formato más corto, con las situaciones irreales con las que se encuentra todo ciudadano occidental que se mude aquí. En breve os doy noticias también de este proyecto.


MABUHAY!


dilluns, 10 de setembre de 2012

Escapada a la Costa Brava

La Costa Brava, técnicamente de Blanes hasta la Catalunya francesa, es una de las costas más bellas de la península Ibérica. Su relieve abrupto ofrece grandes acantilados cubiertos de pinos mediterráneos alternado con zonas de olivos y matorrales. Y de tanto en tanto calas más grandes o más pequeñas, de arena o pedregosas, más o menos remotas.Y siendo que una amiga está viviendo en Palafrugell, uno de los pueblos de la zona, fuimos a visitarla y de paso conocer las diferentes calas y pueblitos blancos de pescadores.

El caso es que tras pasar la noche en bus llegué de buena mañana y allí me recogieron en coche. El primer día nos dedicamos a conocer toda la zona de Calella de Palafrugell, aprovechando la cercanía. Aparcamos cerca del Port Pelegrí y andando nos hicimos el conjunto de calitas. Desde este punto las vistas, y por tanto las fotografías, son preciosas. Las casitas de los pescadores se agolpan, blancas o de colores claros alrededor de las medias lunas de arena salpicadas de grises y redondas rocas de tanto en tanto.  Y desde aquí se avista el austero campanario blanco de la iglesia local. Tradicionales barcas de pescadores se mezclan con las más modernas que los turistas y locales usan para el ocio. La Platgeta y Platja d'en Calau son las que siguen, ofreciendo más arena, casitas y barcas. Pero sin duda, la más bonita de todas es la que sigue: Port Bo. Además de las aguas claras y la bonita forma de la cala, aquí el paseo se sitúa por encima de almacenes donde los pescadores guardaban barcas y aparejos. Cada portón pintado de oscuros colores da directamente a la arena, haciendo de esta playa la más pintoresca de toda Calella. Seguimos en el Port de Malaespina y disfrutamos de las vistas del mirador de la Punta del Conill. Continuamos caminando, bordeando una pequeña colina a la orilla del mar hasta llegar Llafranc, una pequeña aldea de pescadores rodeada de frondosos bosques de pino mediterráneo. La fuerte fragancia a pino hace de estos paseos una experiencia más que agradable. Cruzada la cala empinamos la pequeña montaña hacia arriba disfrutando de las bonitas vistas del Mediterráneo, hasta llegar a la cima, donde se encuentra el Far de Sant Sebastià, con un bonito mirador desde el que ver el valle y la irregular costa de Palafrugell. El día era espléndido. Como ya hacía calor, bajamos de nuevo hasta Llafranc y buscamos un pequeño restaurante, alejado de los altos precios de la primera línea de playa. En una de las pocas callejuelas de la aldea encontramos un local bonito y a buen precio donde disfrutar de mejillones al vapor y sardinas a la brasa.

Para reposar la comida, nos fuimos recorriendo las diferentes calas de vuelta, bañándonos en cada una de ellas. Por lo general, el agua en la Costa Brava está helada a pesar de ser mediterránea. Me costó bastante acostumbrarme, aunque cuando lo conseguí, el agua no se nota tan fría. Por supuesto, aguas transparentes. Tanto, que dan ganas de beber.

Calella, a pesar de tener mucho turismo, y por tanto mucho movimiento de personas, aún conserva ese ambiente de pueblecito, lo cual la hace muy auténtica. Tras dar un último paseo, nos volvimos a Palafrugell para cenar. Acabamos este primer dia tomando una copa en Butik, un céntrico local que abrió hace poco y que ha decorado una planta baja de una vieja casona con antigüedades de todo tipo, según las diferentes salas. Cuenta con un agradable patio ajardinado donde tomarse algo por la tarde o noche.

Al dia siguiente nos dirigimos rumbo al norte. Desde el coche pasábamos pueblecitos de interior, muy diferentes a los de la costa. De piedra oscura y rodeados por tierras marrones en las que olivos, maíz o viñedos se turnaban por igual. Y alguna típica masía catalana de vez en cuando. Al llegar a Roses, aparcamos el coche y nos dispusimos a recorrer un buen trozo del bello Parc Natural del Cap de Creus por el pequeño camino que bordea el mar. Al principio, la típica estampa de mar turquesa, cielo azul y verdes y fragantes pinos nos acompañaba. Sin dudar de la belleza de los paisajes, lo cierto es que al ser casi todo matorrales el calor se vuelve insoportable. Por desgracia, nos equivocamos y aparcamos el coche demasiado pronto, sin apurar la carretera hasta la entrada del parque, por lo que perdimos varias horas andando que podríamos haber hecho en coche. Por eso no llegamos hasta la cala que teníamos previsto. Pero pudimos descubrir un rincón en mitad de grandes rocas en pleno parque, donde el oleaje era más fuerte de lo normal pero la tranquilidad era impagable.

Cansados, volvimos al coche para comer en uno de los pueblos a los que más ganas tenía de ir: Cadaqués. Según Salvador Dalí, el lugar más bonito de la Tierra. Sin lugar a dudas, si sólo podéis pasar un dia en la Costa Brava, este es el lugar al que acudir. Cadaqués es el típico pueblo blanco de pescadores, el más bonito, el más mágico. Su sencilla pero a la vez imponente iglesia preside el conjunto, lleno de casas alrededor de una pequeña bahía rocosa. El hecho de que Dalí pasara los veranos de su infancia aquí acaba de dar el toque de gracia al pueblo. Nada más llegar, lo primero que recomiendo hacer es darse una vuelta por la calle de la Riba Nemesi Llorens, que hace las veces de paseo marítimo. Nosotros aprovechamos para comer también. Una vez saciados, decidimos internarnos por los estrechos y blancos callejones al través de la calle del Call

Las bungavillas son tan grandes que se enredan en las sobrias fachadas llegando hasta muy alto. Incluso cactus y otras plantas crecen en las paredes de las casitas, separadas por callecitas empedradas. Las tiendas de productos de diseño, como ropa o artículos de decoración, se alternan con hornos y ultramarinos tradicionales, que le dan un toque realmente auténtico. Subiendo llegamos a la iglesia de Santa Maria, construida en el siglo XVII, un imponente edificio blanco con un campanario sencillo y una gran sala redonda anexa cubierta por una cúpula. El enorme ciprés de la entrada le da ese toque místico y elegante a la vez. Al entrar, nos llevamos la grata sorpresa de admirar su bello altar barroco, recargado, dorado, maravilloso. A los lados, diversos altares similares pero de menor tamaño muestran diferentes santos, entre los que destacar la muy catalana Virgen de Montserrat, la Moreneta, patrona de Catalunya. En la sala redonda anexa, dedicada al Sagrado Corazón de Jesús, una austera cúpula pintada de azul cielo cubría un espacio circular donde poder rezar y meditar en cojines situados en el suelo.

Tras admirar la belleza de la iglesia, nos detuvimos un rato en la pequeña plaza de la entrada, desde la que se puede ver parte del pueblo en una bonita panorámica del Mediterráneo. Seguimos por la calle del Portal d'Amunt, con decenas de gatos cruzándo nuestro camino, admirando las belleza y paz que reina por las calles de este pueblo, a pesar de que el número de turistas es enorme. En esta foto podéis ver un curioso cactus, larguísimo, que crece pegado a una casa.

Seguimos perdiéndonos por las callejuelas y descansando en los diferentes recovecos que daban al mar hasta toparnos en uno de los hornos más grandes de Cadaqués, situado en plaza de Frederic Rahola, enfrente de la playa de Es Portitxó. Allí probamos para merendar las típicas burilles, una especie de pastas redondas crujientes que recuerdan a la textura de las tejas castellanas salpicadas de piñones y almendras caramelizadas. La degustamos mientras acabábamos de dar la última vuelta por este paraíso. Antes, nos habíamos pasado por la oficina de turismo para informarnos sobre cómo visitar la Casa-Museu Dalí de Portlligat. Para vuestra información, hay que llamar por teléfono unas horas antes para reservar visita. Ellos nos darán la hora a la que podremos ir. En septiembre llamamos el mismo dia y nos dieron cita para las siete de la tarde. Cogimos el coche y nos fuimos a la vecina aldea de Portlligat. Este pequeño villorrio de pescadores vecino de Cadaqués y elegido por Dalí y Gala para fijar la que sería su residencia. La plazoleta de entrada fue decorada por el pintor con una antigua barca de la que nacía un ciprés del medio. Desde 1930 hasta los años 70, el pintor catalán fijó aquí su principal residencia, convirtiendo una simple casa de pescadores en un conjunto laberíntico de varias casas unidas.Tras pagar en taquilla, una simpática guía nos estaba esperando al grupo.

Empezamos la visita por el vestíbulo del oso, en el que uno de estos mamíferos disecados nos recibirá, regalo que le hicieron a Dalí. Entre las dos garras sostenía la barretina que el pintor llevaba siempre puesta. Seguía el comedor de invierno y la biblioteca, decorados también de forma muy original. Subiendo al primer piso llegamos a la sala de los modelos, donde Dalí tenía cientos de objetos de todo tipo en los que se inspiraba, así como su taller, muy luminoso. Allí aún quedan dos cuadros inacabados del artista, además de muchos otros objetos. Es curioso el hecho que Dalí pintara sentado. Para ello, tenía todo un sistema para bajar y subir los grandes cuadros y no tener que moverse del sillón. Seguimos por el salón amarillo, agradable salita de la que me llamó la atención el curioso reloj diseñado por Dalí con forma de caracol y cuyas manecillas eran dos bigotes. Otro de los elementos curiosos de esta sala es el espejo situado enfrente de la ventana, ligeramente doblado, colocado allí por el artista para que reflejara el sol en el amanecer y le diera la luz en la cara para despertarlo. Al estar Portlligat situado en el Cap de Creus es el punto más al este de la península ibérica. Por eso, Dalí se vanagloriaba de ser el primer hombre en ver amanecer de la península. En efecto, justo encima del salón amarillo estaba el gran dormitorio, con dos camas, en las que dormían Dalí y Gala respectivamente. El conjunto de bastones del pintor se encuentran aquí. Asimismo, están los dos baños, uno para cada uno. El tocador de Gala y la habitación de los armarios son también curiosos, porque las puertas están forradas de fotos del matrimonio con personajes famosos. En efecto, por esta casa pasaron personalidades como Walt Disney, Coco Channel, Marcel Duchamp...

A través de una de las puertas de estos armarios se entra a la Sala Oval, habitación secreta en la que Gala se refugiaba de las decenas de visitas que su marido recibía y que a ella le cansaban. Esta estancia, de forma redonda tiene la característica de ser acústica, por lo que al situarnos en el centro de la sala nuestra voz rebotará. El estilo hindú rodeada de sofás le da un toque realmente confortable.

Salimos al jardín, con el comedor de verano, los bancales de olivos con la estatua del Cristo de las Basuras, hecho de una barca, tejas y neumáticos, el palomar... el par de huevos gigantes encima del tejado dan el toque estrambótico a este conjunto que desde fuera parece un grupo de casas de pescadores sin más. También había una estatua de un huevo gigante roto en la que todos nos metimos para hacernos la foto de rigor desde dentro. De hecho hay una trampilla trasera para meterse dentro del huevito. Pero sin duda, lo mejor del jardín es su piscina, estrambótica a la vez que relajante. Una gran fuente compuesta a base de imitaciones de la fuente de los Leones y otros pedazos de fuentes famosas presidían este espacio dedicado al agua. Estatuas de sabios árabes se alternaban con las de la mascota de Michelin. Una de las cosas más sorprendentes es el sofá con forma de labios, ya visto en otros cuadros del pintor, con una decoración en la a base de diferentes carteles de la empresa italiana Pirelli, instalados con luz y todo del derecho y del revés. Una estrambótica fuente, también copia de la de los Leones de la Alhambra, se situaba enfrente del sofá, con muñecos de toreros rodeándola. La alargada piscina acababa coronada por unas sillas, sofás y almohadones donde relajarse. Anexa hay una barbacoa construida así como una cabina telefónica con una farola de ciudad. Surrealismo puro y duro.

Como ya anochecía, volvimos a Palafrugell. Tras un día de tanta caminata, visitas y arte estábamos agotados. Por eso, al día siguiente nos despertamos frescos y preparados para disfrutar de nuestra última mañana. Escogimos descubrir cala Pedregosa, en pleno espacio natural de El Montgrí. Nos dirigimos hacia l'Estartit, donde pudimos admirar las islas Medes. Aparcamos el coche en la entrada del espacio y nos dispusimos a una caminata de tres cuartos de hora a través de un fragante bosque mediterráneo. Las preciosas vistas del sendero desembocaron en la preciosa cala Pedregosa, siempre siguiendo las indicaciones. Cuando llegamos no había más que tres botes, pero pronto muchísimos visitantes llenaron este bello espacio. Y pronto entendimos el porqué. Además de la sensación de aislamiento, que hace que esta cala protegida apenas tenga olas, también ganan muchos puntos sus miles de piedrecitas y sus aguas cristalinas. El caso es que a lo largo de la mañana decenas de personas saturaron esta cala por lo que decidimos marcharnos a comer. Por eso, y porque el agua estaba especialmente helada en este punto.

Para acabar con la visita a la Costa Brava fuimos a L'Escala. Según las guías, sus playas tienen el agua más cristalina de la zona. Lo cierto es que las tenía tan bonitas como el resto. El pueblo era también muy tranquilo y pintoresco. Como en casi todos los lugares aquí se ha sabido combinar un alto nivel de turismo con el mantenimiento de las tradiciones. Por tanto, aunque las playas y calles rebosen de visitantes, los pescadores siguen faenando y el espíritu de pueblecitos remotos pervive. Pasamos la tarde tranquilamente, disfrutando del mar, el sol, las vistas y el olor a pino mediterráneo, que tanto me gusta. Por cierto, olvidaba que para comer pedí la típica butifarra catalana amb mongetes, es decir, una longaniza blanca alargada con un sabor peculiar acompañada de alubias blancas. Más típico imposible.

Catalunya celebra mañana 11 de septiembre, su Diada. No en vano, decenas de balcones, comercios, restaurantes y rotondas de todos los pueblos que visité lucían las célebres estelades, o las banderas independentistas. Los catalanes son un pueblo fiel a su tierra, lengua, cultura y tradiciones. Desde aquí aprovecho para desearles una Bona Diada.

dissabte, 25 d’agost de 2012

La Ciutat de les Arts i de les Ciències - València

El primer elemento que abrió sus puertas en la Ciutat de les Arts i de les Ciències de Valencia fue l’Hemisfèric. Antes de esto, la capital del Túria quedaba fuera de cualquier circuito turístico. Los cruceros pasaban de largo rumbo a Barcelona o Palma de Mallorca. Los paquetes a España nunca incluían a su tercera ciudad como parada. Y los que pasaban cerca, rumbo a las playas mediterráneas o a Cataluña, no solían detenerse. Y si lo hacían, apenas paraban a ver el Micalet y comerse una paella. Algún político estúpido se había lucido instalando en las entradas de la ciudad un tristemente famoso cartel del bienvenida que decía, literalmente “Valencia, visítela en solo dos horas”. Patético e irreal.

Para corregir este olvido, la Generalitat Valenciana presidida por Joan Lerma ideó un megaproyecto al final del antiguo cauce del río Túria en el que, a través de la construcción de edificios emblemáticos, dotar a Valencia de los equipamientos dignos de una gran ciudad. Con ellos se pretendía primordialmente atraer turismo.  Pero también diversificar el panorama cultural, artístico y de ocio para los valencian@s.

Se pusieron en marcha las obras y en 1996 se inauguraba l’Hemisfèric, primera pieza del conjunto. El arquitecto valenciano más internacional, Santiago Calatrava, diseñó casi todo este complejo, incluído este primer edificio. Representa un ojo blanco gigante, con párpados de cristal que se abren y cierran, y cuya gran bola central es a la vez un gigantesco cine IMAX, un planteario y un lasérium. Rodeado de dos amplias láminas de agua, programa películas y documentales de actualidad así como sesiones de planetario y espectáculos láser proyectados en su gran pantalla redonda. Las sillas están tan empinadas que personas con vértigo deben evitar entrar aquí. Además de los tremendos altavoces detrás de la esfera-pantalla, cada espectador cuenta con unos cascos futuristas que puede programar para escuchar las explicaciones y narraciones en castellano o valenciano-catalán, así como inglés o francés.

Además de por traer a Valencia una tecnología fílmica tan potente y novedosa, el edificio en sí se convertía en uno de los nuevos símbolos de la ciudad y el turismo empezaba poco a poco a afluir. Gracias a este ojo gigante muchos redescubrían también los encantos denuestros barrios históricos.

Pocos años después se inauguraba el gigantesco edificio de al lado y siguiente pieza: el Museu de les Ciències Príncipe Felipe. Los periodistas lo bautizaban como la catedral civil del siglo XXI. El gigantesco edificio blanco con alargadas cristaleras e interminables escaleras empinadas contenía en su interior un enorme museo científico novedoso, donde la regla principal era: “prohibido no tocar”. Niños y mayores con intereses en las diferentes ramas de las ciencias podrán experimentar aquí aspectos relacionados con la física, la biología, la química, la meteorología o la aeronáutica entre otras ciencias. Son habituales los corrillos esperando ver algún polluelo nacer en directo en la incubadora acristalada. El péndulo de Foucault, en la majestuosa calle mayor acristalada, sigue balanceandose y empujando bolas cada media hora, probando que la tierra gira sobre sí misma. Y decenas de exposiciones y talleres explican cómo se fabrica el helado, cómo se graba un programa de televisión, cómo mutan los genes (con muestras de animales deformados en formol), o cómo se elevan los globos aeroestáticos.

La majestuosidad del museo vino acompañada del futurista parking de la Ciutat de les Arts i les Ciències, cubierto con un paseo lleno de palmeras, enredaderas y plantas tropicales, cubierto a su vez por modernísimos arcos blancos. Se trata de l’Umbracle. Todo diseñado también por Calatrava. Otra amplísima lámina de agua separaba el nuevo museo del parking y paseo cubierto. Y todo con la omnipresencia del trencadís, técnica muy mediterránea del modernismo, ahora rescatada por Calatrava para los nuevos edificios contemporáneos que le encargan por todo el mundo.

En el paseo elevado entre l’Umbracle y l’Hemisfèric y museo, suelen organizarse exposiciones temporales de diferentes artistas de todo el mundo. La última vez que me paseé por allí encontramos la curiosa exposición Sweet, de la escultora francesa Laurence Jenkell, que proponía varias esculturas con forma de caramelo gigante en el que cada uno tenía la envoltura con la bandera de países determinados. Mi foto inevitable fue la del caramelo de la Unión Europea. 

Museo, Hemisfèric y Umbracle pusieron definitivamente a la ciudad en los nuevos paquetes que se diseñaban para visitar España y los cruceros empezaron a convertir a Valencia en una de sus paradas más populares del Mediterráneo. No obstante, fue con la apertura de l’Oceanogràfic, diseñado por el arquitecto mexicano fallecido Félix Candela, cuando el turismo empezó a afluir de forma masiva. El mayor acuario de Europa abria sus puertas mostrando una gran variedad de ecosistemas reproducidos con peces, mamíferos, reptiles, anfibios y aves de todo el mundo mostrados en salas de un diseño contemporáneo espectacular. El gran parque, que requiere de un día para verlo todo, cuenta con un elegante restaurante submarino de precios algo elevados, cubierto por un gran nenúfar de cemento blanco. Por supuesto, también encontraremos otros restaurantes y cafeterías más asequibles en el parque. Alguno de los mejores acuarios son los que representan el fondo del Mediterráneo o el del Mar Rojo, situado en un bonito auditorio. Asimismo, cuenta con uno de los mejores delfinarios del mundo, con shows a determinadas horas. Y sobretodo, lo mejor son el par de túneles transparentes bajo el água, siendo uno de 70 metros, donde observar sin peligro como nadan diferentes especies de tiburones. Morsas, flamencos y sobretodo la nueva beluga polar, son otras de las atracciones.

L’Oceanogràfic sigue siendo, aún hoy, la pieza más visitada del complejo y la única que da beneficios económicos. La espectacularidad de todos los animales que allí residen, así cómo su armónica arquitectura, son inimitables. En verano, el parque abre hasta altas horas de la noche, ofreciendo sus visitas nocturnas, que incluyen espectáculos de natación sincronizada con nadadores y delfines.

Años después, Valencia se sorprendía a sí misma y al mundo con la apertura de su futurista ópera, el Palau de les Arts Reina Sofía. Se le compara con un enorme escabarajo, con un barco con las velas desplegadas, con una nuez gigante o con el casco de un guerrero del futuro. El caso es que Calatrava diseñó otro gran edificio de blanco inmaculado, grandes superfícies de trencadís y formas que desafían la gravedad, como la enorme pluma de cemento blanco que cubre el edificio sin más apoyo que su base. Y por supuesto, dos amplísimas láminas de água a cada lado del edificio.

En su interior cuenta con tres auditorios y un gigantesco escenario de ópera con 4400 asientos para el público, al que sólo el auditorio mayor de la Ópera de Sydney supera en capacidad. Además de grandes óperas, este espectacular escenario también ha acogido eventos de talla mundial como el estreno de la película de James Bond, “Quantum of Solace”.

El Palau de les Arts fue el broche, la última espectacular pieza (o eso creíamos) de la CAC. A partir de ese momento miles de turistas empezaron a llegar a Valencia atraídos principalmente por el gran complejo. Sin embargo, también admiraban el precioso centro histórico y otros muchos atractivos que la ciudad ofrece. 

La Ciutat de les Arts i de les Ciències se convertía en uno de los grandes puntos calientes de la ciudad, con dos modernos centros comerciales a su alrededor así como de unos grandes almacenes. Diferentes eventos se sucedían en la CAC. Miles de fans de la informática se reunían una semana cada verano en la Campus Party. Los amantes de la hípica celebraban sus mundiales aquí. Presentaciones de escuderías de Fórmula 1 hacían rugir bólidos por sus puentes. E incluso se celebraba aquí el mundialmente rentransmitido MTV Winter, dónde cada año un famoso grupo o cantante actuaba como los Artic Monkeys, The Cure o Franz Ferdinand.

Cuando parecía estar acabado el complejo, un nuevo president de la Generalitat, Francisco Camps, decidió dejar su personal huella, encargando a Calatrava dos nuevos elementos al complejo: el primero, un monumental puente sujeto por un altísimo mástil y sus fortísimos cables blancos de metal. En el plan original el mástil del puente de l’Assut de l’Or contaba con un ascensor, para subir hasta el punto más alto de la ciudad y observar el paisaje. Pero la falta de presupuesto dio al traste con este elemento, dejando el mástil sin más, pero aún así, quedó como nuevo punto más alto de Valencia.

Sin embargo, el elemento más polémico se levantaría entre el museo y l’Oceanogràfic. Una enorme “almeja” forrada de trencadís morado se elevaba, altísima, coronada por grandes cristaleras. Calatrava no podía dejar de rodearla de otra lamina de agua. Sin ningún uso aparente y con un coste exhorbitado, Camps inauguraba l’Àgora para, según él, entregar la copa de la competición de vela más famosa del mundo, que celebró su 32 y 33 ediciones en Valencia: la America’s Cup. Sin embargo, no se acabó a tiempo. Por eso, durante meses, tuvimos la plaza cubierta más cara del mundo sin ningún uso. Hasta que Camps, aficionado al tenis, decidió celebrar los torneos del Open 500 de Valencia en su bello interior. Desde entonces, l’Àgora ha acogido eventos tan estrambóticos como una pista de hielo navideña o una sesión multitudinaria de la famosísima fiesta del DJ francés David Guetta, F*** me, I’m famous. Por falta de presupuesto aún no se han construido sus agujas finales, ni las manivelas hidraúlicas que permitirían abrir sus techos al igual que lo hace l’Hemisfèric.

El puente y l’Àgora ponían punto, pero no final, a la zona más futurista de Valencia. El conjunto es ahora bello, impresionante y sorprendente. El azul cielo valenciano, con su fuerte luz, contrasta con el blanco de sus enormes edificios, que se reflejan de forma maravillosa en las enormes láminas de agua que rodean todo el complejo.

Quedan para después de la crisis los altísimos rascacielos acristalados llamados Castelló, Alacant y València que Calatrava ya proyectó detrás de l’Oceanogràfic. Estos edificios sólo se contruirán con financiación privada. Así que tenemos tiempo de sobra para esperar. Otros elementos planeados originalmente por el socialismo, como la gigante torre de telecomunicaciones de Valencia, que ahora hubiera eliminado parte de las cancerígenas antenas de telefonía móvil, queda para el recuerdo. Sus carísimos y profundos cimientos, construidos en 1995, fueron enterrados bajo el Palau de les Arts. La administración popular que entró en 1996 a la Generalitat consideró esta torre como innecesaria. Una lástima. Sin duda, hubiera dado a Valencia un toque cosmopolita y grandioso del que aún carece.

A pesar de los sobrecostes y las críticas que Calatrava recibe, la Ciutat de les Arts i les Ciències es uno de los conjuntos arquitectónicos más impresionantes del mundo. Un auténtico complejo futurista, impresionante, blanco, bello, imponente. Así quedó demostrado tras la elección que hizo Disney de grabar parte de su película Tomorrowland aquí. Valencia tiene muchas razones para ser visitada. Tal vez, la más fuerte sea esta. Por cierto, no olvidéis volver a primeras horas de noche. La iluminación de los edificios es espectacular. Eso sí, no vengáis muy tarde, porque a partir de determinada hora se apagan todas las luces para ahorrar. A cambio, sin embargo, podréis disfrutar de un elegante lounge: una de las mitades de l'Umbracle se transforma casi todas las noches en una terraza homónima, con buena música, cócteles, go-gós, luces violetas y buen ambiente. Siempre hay algo que hacer en este nuevo centro de Valencia.

dilluns, 13 d’agost de 2012

Valencia: básicos del casco histórico.

Valencia, tierra de las flores, de la luz y del amor, tiene como capital a la ciudad homónima. El cap i casal, como se conoce en las tierras valencianas a nuestra capital, es una ciudad vibrante que cuenta con cuatro universidades, decenas de museos, teatros, auditorios, monumentos de todas las épocas históricas, amplias playas, bonitos paseos, parques... sin olvidar un calendario tradicional lleno de festividades curiosas, aburrirse aquí es casi imposible. Y qué decir de su mítica marcha nocturna. 

El hecho de ser una de las ciudades europeas que más estudiantes de intercambio atrae eleva el porcentaje de jóvenes y por tanto, dinamiza la escena artística, gastronómica y de fiesta. Esto la convierte en un atractivo destino turístico para todos los bolsillos y gustos, así como en un lugar donde los jóvenes profesionales pueden desarrollar su actividad. Tal vez la situación de crisis financiera y económica que actualmente vive el sur de Europa esté ralentizando este fenómeno de forma parcial.

Numerosos expertos señalan que el auge del turismo urbano en Valencia se debe mayoritariamente al megaproyecto de la Generalitat Valenciana bautizado como Ciutat de les Arts i les Ciències, de la que os hablo en otra entrada. En esta, prefiero proponeros un recorrido básico por el precioso centro histórico de la ciudad.


La visita puede empezar en l’Estació del Nord, antigua llegada de los trenes (los de alta velocidad llegan a la Estació Joaquín Sorolla). Esta joya modernista, obra de Demetri Ribes, es un canto a un pasado valenciano mitificado. Naranjas de cerámica en la fachada, bonitos relieves en las taquillas... todo para dar la bienvenida al forastero. De hecho, uno de los detalles curiososos es el mensaje de "Buen Viaje" escrito en diferentes idiomas que adorna diferentes pilares. La sala de los mosaicos, antigua sala de espera de primera clase, constituye una perfecta combinación artística de madera y trencandís, modernismo y folklorismo valenciano, con mosaicos representando escenas típicamente valencianas, como l'Albufera, el Micalet, paisajes de la huerta y personajes vestidos con trajes tradicionales.

Si seguimos hacia la plaza del Ayuntamiento, podremos disfrutar de uno de los espacios públicos más emblemáticos de la ciudad. Aquí se celebran las populares mascletaes del 1 al 19 de marzo así como la de la fiesta nacional valenciana del 9 de octubre. La enorme casa consistorial, ofrece un aspecto palaciego, con sus dos cúpulas gemelas de tejas metálicas, su balcón señorial y su elegante torre del reloj. Desde la llegada al poder del nuevo alcalde valencianista Joan Ribó, el edificio está abierto al público de 8 de la mañana a 2 de la tarde para visitas y es gratuito. No os perdáis el elegante salón de plenos (que acogió al Congreso de los Diputados español durante los últimos meses de la guerra civil en los que Valencia era la capital de España) o el museo municipal, donde entre otras joyas se encuentra la espada del rey Jaume I "El Conqueridor", el Penó de la Conquesta que hizaron los musulmanes para rendirse ante el ejército cristiano o alguna Reales Senyeras centenarias, además de grabados y planos de la antigua Valencia. Por último, salid al balcón principal, reservado a las elites por la anterior alcaldesa Rita Barberà y ahora abierto a todos los valencianos y visitantes.

Frente al ayuntamiento se encuentra el antiguo Palacio de las Comunicaciones, ahora sede central de Correos y Telégrafos. De aspecto majestuoso, cuenta con una gran torre metálica (réplica de la original) que se construyó inspirada en las nuevas corrientes arquitectónicas europeas. A muchos nos recuerda al final de la Torre Eiffel. En el interior del edificio, una enorme cúpula metálica acristalada deja que la luz valenciana entre a raudales en el precioso espacio donde diferentes ventanillas ofrecen servicios postales. Cada una de las regiones y nacionalidades españolas están representadas con su escudo en la cúpula.

Después de un paseo por la plaza, donde tranquilos turistas y valencianos con prisa se codean, disfrutando de las míticas paradas de flores, avanzaremos hacia el norte, girando a la izquierda para adentrarnos en la calle María Cristina donde llegaremos a la Plaça del Mercat. Allí encontraremos el único edificio Patrimonio de la Humanidad en mi ciudad: la Lonja de la Seda. En efecto, la UNESCO encontró en esta joya uno de los mejores ejemplos de gótico civil de Europa. Normalmente el estilo gótico está asociado a edificios religiosos como iglesias, catedrales o conventos. De ahí su singularidad, que ilustra de manera espléndida el poder y riqueza de la sociedad civil valenciana. Además, los numerosos elementos decorativos renacentistas aún ensalzan más este complejo comercial del siglo XV.

Los exteriores muestran una sobriedad solo rota con las formas geométricas de estilo flamígero de almenas, ventanas y puerta, además de las gárgolas, los escudos de la ciudad y Reino y la Virgen. Al entrar, el gigantesco y alto salón de la Contratación, donde negociaban los sederos compras y ventas, sorprende por sus esbeltas y retorcidas columnas helicoidales. Anexa se encuentra la torre y capilla, y pegado, el antiguo Consolat de la Mar, una institución jurídica del siglo XIII en la que se dirimían asuntos marítimos y mercantiles. Sus dos salas solemnes, con techos de madera y dorado respectivamente, muestran el esplendor del lugar.

Por último, el relajante jardín de los naranjos con fuentecita central, servía tanto de lugar de paseo y reflexión de los comerciantes, como de espacio para fiestas de la dinastía de los Austrias. Antes de iros, dad un vistazo más cercano a las pequeñas esculturas del portón de entrada o a las gárgolas. En muchas encontrareis motivos eróticos o escatológicos que representaban el pecado en aquellos tiempos.

Justo enfrente está el Mercat Central, el mayor mercado modernista de Europa. Junto con l'Estació del Nord, este es uno de los mayores y mejores ejemplos del modernismo en Valencia. Sus naves de hierro, luminosas y altas, junto con las bases decoradas con cerámica tradicional valenciana, crean un estilo local alegre que, con las decenas de puestos de todo tipo de productos de la mejor calidad (muchos recogidos de la enorme huerta que rodea la ciudad) lo convierten en un espacio pintoresco. Se venden frutas fragantes y verduras frescas, jamones, quesos, carnes, pescados y muchos otros productos gourmet como especias o frutos secos. Algunos de los mejores puestos son los especializados en nuestra bebida tradicional: la orxata. Allí encontraréis además de esta bebida fresquita, también saquitos de chufas (el tubérculo de la que se extrae) o fartons (un bollo alargado que se moja en la horchata). Compremos lo que compremos, la calidad de los productos y la amabilidad de tenderos y tenderas os dejarán muy satisfechos. Por último, no olvidéis pasaros por Central Bar, uno de los puestos reconvertidos a bar regentado por el chef valenciano de moda, Ricard Camarena, donde se sirven tapas y bocadillos de temporada, elaborados exclusivamente con los productos frescos que se venden en este mercado.

También es recomendable pasarse por los puestos anexos al Mercat Central, en la calle. Además de su bonito estilo, venden comidas tradicionales ya preparadas de la mejor calidad a buenos precios: paella valenciana, arroz negro, arroz al horno, esgarraet, pimentó amb tonyina... y por supuesto orxata natural. En invierno también hay chocolate caliente y nuestros crujientes buñuelos de calabaza.

Tras este espectáculo gastronómico, volveremos sobre nuestros pasos a la plaza del Ayuntamiento para tomar esta vez el carrer de Sant Vicent, arbolado y con ambiente siempre, para llegar a la plaza de la Reina. Aquí se encuentra la entrada mayor de la catedral de la ciudad, de estilo barroco. También su campanario, uno de los símbolos de Valencia, el popular Micalet (Miguelete). Podréis subiros para ver las vistas del centro histórico y oír sus campanas centenarias repicar. Entad a la ecléctica catedral, mezcla de estilo románico, gótico, renacentista, barroco y neoclásico, fruto de su construcción a pedazos. Admirad los frescos renacentistas con ángeles representados en la cúpula del altar o la capilla donde se encuentra el Santo Cáliz. Respecto a si el pequeño cuenco recubierto de oro y joyas es o no el Grial en el que Jesucristo bebió en la Última Cena, la controversia es constante.

Fuera, en la plaza de la Reina, encontraremos diversas heladerías y horchaterías. De hecho, las horchaterías más famosas de la ciudad, a los pies del bonito campanario de Santa Catalina, son lugares donde vale la pena tomarse algo, por ser tan populares entre los valencianos. Actualmente solo queda abierta la Horchatería Santa Catalina. La antigua Horchatería El Siglo, que estaba enfrente mantenía una competitividad histórica entre ambas que empezó en el siglo XIX y que ya acabó. Santa Catalina sin embago sigue ofreciendo orxata de la mejor calidad, así como granizados de limón, café y cebada, al más puro estilo local. Si queréis pedir algo típico, que os sirvan la orxata mezclada con algún granizado acompañada por un fartón casero para mojar. No hay merienda valenciana más tradicional. Los helados que ofrecen también están buenos, pero no os perdáis los de la Llinares, heladería vecina que se ha especializado en servir sabores caseros tan curiosos como el de tortilla de patatas, fabada asturiana, boquerones, gin-tonic o cazalla, un tradicional licor anisado.

Si avanzamos por el carrer Micalet llegaremos a la plaza de la Virgen, donde nos recibirá la bonita entrada gótica de la catedral, con los doce Apóstoles. También está allí la popular basílica de la patrona de la ciudad: la Mare de Déu dels Desemparats, más conocida como la “Geperudeta” (jorobadita) por su posición jorobada para acoger a todos los débiles y necesitados. Su estilo barroco recargado es muy típico de la ciudad y siempre hay devotos rezándole. En gran número de "Amparitos" residentes en Valencia se explica ahora.

Al otro extremo de la plaza encontraremos el señorial Palau de la Generalitat, sede de la presidencia del autogobierno valenciano, conocido como Consell, donde está el majestuoso despacho del President de la Generalitat. Es interesante saber que una de las dos torres es una copia reciente construida para darle simetría al edificio. Las visitas deben concertarse por teléfono con un par de semanas de antelación

En mitad de la plaza se encuentra una de las fuentes más populares de Valencia: en ella se representa al río Túria como un anciano fuerte tumbado, rodeado de las acequias de la ciudad que riegan con cantaros la huerta valenciana, representadas en forma de jóvenes desnudas con tocado de fallera, forma de arreglarse el pelo tradicional de la ciudad, sobretodo en su semana grande de les Falles. Siempre con gente sentada y charlando, palomas a las que los niños asustan o alimentan por igual, jóvenes patinando o abuelas y turistas tomando algo en sus terrazas, la plaza de la Virgen es un hervidero casi siempre y a cualquier hora.


Seguid por la calle Navellos, pasando por el bello Palau de Benicarló (ahora sede de las Cortes Valencianas) y cuando lleguéis al final, en el antiguo cauce del río Túria, girad a la izquierda para admirar una de las dos antiguas puertas de entrada que quedan en pie de la época en la que Valencia estaba amurallada: se trata de las imponentes torres de Serranos, también de estilo gótico civil. Finalmente, un corto paseo para conocer el barrio del Carmen recorriendo las calles Roteros, Museu y Na Jordana os dejará en el IVAM, el Institut Valencià d'Art Modern, que cuenta con más de 7000 obras de arte desde mediados del XIX y todo el siglo XX, destacando las colecciones permanentes de Julio González, Ignacio Pinazo y Miquel Navarro.

Por supuesto, me dejo muchísimos monumentos, tiendas y locales que vale la pena visitar, como el barroco Palacio del Marqués de Dos Aguas, así como calles que caminar y conocer, como la calle Cavallers. Pero esta entrada no es infinita y para todo el que sólo tenga unas horas, este es el recorrido básico con el que conocer los principales elementos del centro histórico. En próximas entradas prometo contaros más cosas que hacer en el casco histórico de la capital del Túria.

diumenge, 12 d’agost de 2012

Magazine nómada


En el suplemento dominical MAGAZINE de hoy, 12 de agosto de 2012, que se distribuye con 17 diarios de toda España, entre otros El Mundo, La Vanguardia o Levante-EMV, cuenta con algunos elementos interesantes para todo nómada.

En primer lugar, en la página 28 encontramos un curioso reportaje sobre los nuevos blogs de viaje, donde Daniel Gutiérrez Abella hace un recorrido por los bloggeros independientes más importantes del momento en español. Ofrece algunos datos relevantes, analiza los dilemas entre seguir siendo independiente o sucumbir al negocio y recopila opiniones de viajeros y profesionales del viaje así como del sector editorial. Asimismo, nos ofrece algunas direcciones de Internet útiles para profundizar en este mundillo, remarcando alguna de las bitácoras más atípicas.

Al lector habitual de estos suplementos el periodista le descubre algo que muchos ya sabíamos: los viajeros cada vez confían más en los blogs que en las guías, porque dan una información actualizada, personal y sobretodo, crítica. 

También podéis dar un vistazo al reportaje en la versión digital de este dominical: 


En segundo lugar, en la página 54 encontramos varias críticas cinematográficas, destacando Café de Flore, película que tuve la oportunidad de ver estrenarse en el Miami International Film Festival. Este mítico café parisino no tiene nada que ver con la película, en realidad se refiere al título de una preciosa canción francesa, actualmente remezclada al estilo chill out. Y será esta canción y sus dos épocas (años 60 cuando aparece y actualidad cuando se remezcla) las que se entrecruzan en este magnífico filme del canadiense Jean-Marc Vallée. Si queréis saber que tienen que ver una madre con un hijo Down del París de los sesenta con un DJ superestrella del Montreal actual, no dudéis en ver esta joya cinematográfica. 

La crítica, aquí.   Y la canción, original y remezclada en estos links:







En tercer y último lugar, el artículo final, de Javier Cuervo, ilustra de manera clara las diferencias entre el turista y el viajero. Profundamente interesante para todos los que estamos obsesionados con aquello de conocer este pequeño planeta, sus lugares, gentes, culturas, canciones, sabores y olores. Como el autor señala, "la etimología también señala una diferencia en la actitud: la palabra viaje incluye el término vía, camino; mientras que el turismo incluye la palabra tour, vuelta. El viajero va, el turista vuelve." 

Lo podéis leer aquí.

dimecres, 8 d’agost de 2012

Florida & Miami

Después de más de diez meses viviendo en el Sunshine State, y concretamente en Miami, su ciudad más populosa, hago en esta entrada una recopilación de todo lo que visité y os conté durante mi vida floridana. Espero que lo disfrutéis y, si tenéis la suerte de pasaros por allí, aprovechéis mis experiencias en lo que puedan ayudar.

SUR DE LA FLORIDA

Miami

Miami acuático:

De restaurantes por Miami:

De fiesta en... Miami:



CENTRO DE LA FLORIDA

Orlando

Universal's Studios

Universal's Islands of Adventure

EPCOT:

SeaWorld:

Tampa & Saint Petersbourg

Busch Gardens:

The Dalí Museum:

Costa oeste: 



Cabo Cañaveral

Kennedy Space Center:


NORTE DE LA FLORIDA

San Agustín:


dimarts, 31 de juliol de 2012

De fiesta en... Miami.

El sur de la Florida es conocido mundialmente como un destino internacional de fiesta, especialmente durante el famoso Spring Break, cuando miles de estudiantes universitarios estadounidenses y de todo el planeta llegan para unos cuantos días de fiestas interminables. En efecto, el turismo fluye todo el año a esta zona. Pero es el conglomerado de ciudades que conformar el condado de Miami-Dade el auténtico núcleo de la fiesta. A pesar de que la música latina domina la escena nocturna miamense, lo cierto es que hay de todo y para todos. Con esta entrada pretendo dar una visión de los lugares que tuve la oportunidad de conocer. Ni mucho menos pretende ser una guía exhaustiva. 

Empecemos por lo más conocido para el turista: South Beach es el centro de la fiesta. Macrodiscotecas a tope de gente, clubs elegantes o locales algo más canallas abundan por aquí. El mayor lugar al que fui pocas semanas al llegar fue Amnesia, al final de Collins Avenue, filial de la famosa discoteca ibicenca. Aquí en Miami está regentada por Bob Sinclair. Sólo abre viernes y sábados. Cuenta con un sólo ambiente, eso sí multinivel y de techos altísimos. Amnesia consigue recrear casi casi el las fiestas de la gran discoteca de Ibiza. Aquí reina la música house. El sistema de luces y sonido es genial, los DJ muy buenos (de hecho, por aquí han pasado Tiesto, Erick Morillo, Kaskade y el mismo Bob Sinclair suele pinchar un rato casi todos los fines de semana) y siempre hay gogós bailando. Lo malo es que sólo abre en temporada, es decir, de octubre a mayo. Si optáis por el tórrido y lluvioso verano de Miami no podréis disfrutar de este discotecón. Su público es fuertemente multicultural, más joven que la media de la ciudad y con gente más o menos arreglada, bastante variedad. 

Otro de los míticos locales de SoBe es Cameo, el antiguo cine y teatro de Washington Avenue, ahora reconvertido en un club de tamaño medio bastante bueno. En la gran pista del primer piso tendremos algo parecido a Amnesia pero en pequeño: música house con DJ en directo, sistema de luces impecable, grandes pantallas de imágenes por todo lado, una bola gigantesca y gogós al frente. Además, en los momentos de mayor subidón de las canciones saldrá humo o papelitos dorados, haciendo mucho más grande la fiesta. Las gente que nos encontraremos por aquí será muy similar a la de Amnesia. Pero si subimos la piso de arriba, econtraremos un espacio menor, pero aún así grande, con música más rapera, de hip-hop y R&B. Aquí el público es un poco más joven, muchos más afroamericanos y con un atuendo algo más informal. Eso será los viernes. En cambio, los sábados la sala de arriba está cerrada y en la central solo se pincha hip-hop. El ambiente es un poco más barriobajero y eso se nota hasta en las go-gós, que tienen menos glamour. 

Los amantes del jazz bailable, así como del funk y el soul, deberán acudir enfrente de Cameo, al Jazzid. Este pequeño local de dos alturas, fundamentalmente con público afroamericano, ofrece estas músicas en directo con bebidas baratas. El panorama es de sofás abarrotados, gente riendo y muchos candelabros con velas gastadas iluminando ténuemente la escena. Continuando para bajo y recorriendo la mítica Ocean Drive, decenas de restaurantes con música se transformarán luego en perfectos locales para beber y bailar. El más mítico es claramente Mango's, con música latina y bailarines de ambos sexos en directo. La estética es algo vulgar, con las paredes pintadas con imágenes de alegres colores, público algo más maduro y peor vestido que en otros locales. La mayoría de los asistentes son turistas. Pero diversión, seguro que la encontrais. Otro local recomendable es el Clevelander, cerquita del anterior. Este hotel cuenta con un enorme patio de preciosa estética art-déco, con DJ o banda en directo, y una gran barra de bar al aire libre. Público más mayor de la media, vestido de toda clase y también turístico. Aunque la mejor opción es subirse a la azotea del mismo, donde un DJ pondrá música algo más discotequera y podremos disfrutar de unas maravillosas vistas de la noche miamense. 

 Al final de Ocean Drive, casi en South Point, encontramos un local que, aunque abre casi todos los días, son las noches del domingo cuando se pone hasta arriba de público. Se trata de una de las sedes de la cadena internacional Nikki Beach. En la misma playa cuenta con camas, tiendas de campaña indias, colchonetas, sofás y hamacas dispuestas de forma elegante. Y además, cuenta con un amplio local de dos pisos en el que la música del momento suena acompañada de láseres y humo. Para relajarse y charlar un poco, o para bailar hasta tarde, Nikki Beach no os defraudará. 

 También en South Beach, pero fuera del circuito turístico, encontramos el Purdy Lounge, donde salen de fiesta jóvenes profesionales europeos, latinos y estadounidenses por igual, residentes en la ciudad e instalados en Miami Beach. Su tardía hora de cierre, el ambiente cómodo, el tamaño pequeño y su música bailable, que combina canciones del momento, R&B y música de los ochenta, lo hace muy atractivo. 

El público LGTB se encontrará en su salsa en este barrio: South Beach es uno de los destinos número 1 de turismo gay de los Estados Unidos. Por eso cuenta con varios locales de fiesta en la playa. El más veterano es Twist, en Washington Avenue, una enorme discoteca de seis ambientes siempre llena de chicos y chicas de mente abierta y de todo tipo y origen. Se entra por un típico bar americano con su barra, lámparas y taburetes y música rock. Se sale al jardín, donde la música más comercial suena mientras los videoclips se proyectan en una pantalla gigante colocada entre dos palmeras. Y la gente fuma. Allí en el jardín hay una zona acristalada con una barra en medio donde diversos gogós masculinos se turnan para subir al pequeño escenario y entretener a los asistentes. Entrando por otra puerta del jardín se accede a la sala de música latina, donde varias parejas se marcan un baile de salsa, merengue o reaggetón. Subiendo la escalera del jardín, se entra al segundo piso a la sala de hip-hop y y R&B con cuadros de Madonna, Rihanna, Ricky Martin, Beyoncé, Adele o Lady Gaga decorando la escena. Y por último, está la oscura sala de música electrónica y con pista de baile al uso y DJ en directo. En resumen: de todo y para todos. Los domingos por la noche hacen un concurso de gogós amateurs. El que reciba mayor acogida por parte del público, se lleva 100 dólares. El show va a cargo de la simpática drag-queen Pussylla

Otra discoteca para este público es Score, en Lincoln Road. Con dos ambientes a dos alturas, la música que predomina aquí es la del momento remezclada o en el segundo piso el hip-hop y R&B. Cuenta con Dj en directo en la pista central del primer piso, un sistema de luces y sonido espectacular y gogós. El ambiente aquí es mucho más elevado que en Twist, así como más joven, predominando el público pijo o los típicos ciclados. 

Pero para el que vive en Miami y tiene algo más de experiencia y algo más de clase probablemente elija Brickell, corazón financiero de la ciudad, que también cuenta con numerosos locales interesantes, especialmente en South Miami Avenue y alrededores. Blue Martini es uno de ellos, con música del momento y un buen sistema de luces y sonidos rematado con la salida de humo cuando las canciones llegan al momento de subidón. La gente va bien vestida, la entrada no es especialmente cara y suele ser fácil pasarselo bien. Enfrente está el BARU, con una zona interior en una especie de cabaña y otra zona exterior, ambas con música del momento alternada con música latina y público muy similar al de Blue Martini. Sin embargo, al estar la música más baja que la del anterior, en BARU se suele conversar más y por tanto, es más fácil conocer a gente. Un bloque más allá, en la SW 1st Avenue con la SW 11th Street, encontramos el The Lucky Clover, un gigantesco pub irlandés con un DJ que remezcla diversas canciones del momento ofreciendo una noche divertida sin pagar entrada. El ambiente suele ser bueno y hay muchísima gente bailando. 

Si se busca algo más intelectual y universitario, deberemos dirigirnos al Blackbird, un local con un interior donde escuchar y bailar rock universitario, jugar al billar o a algún juego de mesa y tomarse algo. También cuenta con un amplio patio donde la gente fuma o charla animadamente, con algunos de los rascacielos de Brickell como escenario. Las copas están bien de precio y además, no se paga entrada. 

Dejando Brickell, los más modernos acudirán a Midtown para bailar. Especialmente a la zona de Wynwood. Los segundos sábados de cada mes, cuando las galerías de arte abren hasta las diez de la noche y ofrecen vino y comida gratis a sus visitantes, las calles se llenan. Coleccionistas de arte, aficionados o gorrones se mezclan por igual y cuando las galerías echan el cierre, muchos de ellos, especialmente los más modernos, se encaminan hacia The Electric Pickle. El día que lo visité estaba lleno y con largas colas. Cuenta con tres espacios siendo uno descubierto. El primero, nada más entrar, además de la barra, tiene una pista, sofás y música electrónica bailable aunque algo lenta. El espacio al aire libre se usa para fumar y para conciertos. Y por último, el segundo piso cuenta con el DJ central, otra barra y una gran pista de baile coronada por la típica bola de espejitos con muchas luces alrededor y caballitos viejos de un carroussel colgados en las paredes. Y música electrónica más animada que en el piso inferior. Sin embargo, personalmente, a la hora ya estaba algo cansado de esa música, que poco a poco se convirtió en refritos electrónicos de música de los ochenta. 

 Algo más alejado se encuentra The Vagabond, en la NE 14th Street. Cuando fui contaba con un espacio cerrado elegante donde ponía música de modernos. Y lleno de modernos estaba. El patio, donde la gente fumaba y conversaba, contaba con un elemento destacable: una bonita fuente de rocas con chorros de agua combinados con llamaradas de fuego. Es la fuente más curiosa que jamás haya visto. Es un local parecido al The Electric Pickle pero con música más divertida. 

 Entre The Vagabond y The Electric Pickle, está The Stage, local de música en directo, con precios medios y público muy gringo. Igualmente, cuenta con una enorme zona cerrada y otra abierta. En el patio, hay un pequeño camioncito de comida rápida. Lo encontraréis en la NE 38th Street con la Ne 1st Court. 

Los que busquen música latina al 100% no tienen más que dirigirse a la Pequeña Habana. Allí, numerosos locales como el Hoy como Ayer o The Place ofrecen este tipo música (en directo o no) regada con mojitos, daiquiris y margaritas. El público LGTB también tendrá sus lugares aqui, como el WetBar o el Azúcar, con música latina y travestis cubanas y colombianas haciendo el tonto, además de bebida barata. 

 Una zona bonita para pasear y tomar algo es Bayside, en Downtown. Allí, además de bonitas vistas de la bahía Vizcaína, Miami Beach y los rascacielos del centro, los fines de semana por la tarde-noche suelen haber conciertos en directo de rock o música latina en el escenario que hay cara al puerto. Además, el resto de días de la semana está abierto el Mojito Bar, un local donde bailar reaggetón cubano y otros ritmos latinos degustando esta famosa bebida. Ideal para salir de fiesta un rato. 

 Por último, descartar absolutamente Coral Gables como destino de fiesta, el panorama es desolador. Sin embargo, Coconut Grove cuenta con algún que otro lugar interesante. El mejor sin duda es El Sitio, un gran local de música latina e internacional en directo donde beber, comer y bailar mucho. La banda canta muchas canciones del momento, por lo que la diversión está garantizada. Lo encontraremos en una de las calles principales del barrio: la Main Highway. 

Uno de los graves problemas de la fiesta en Miami es lo cara normalmente es la bebida respecto a lo mal servida que está. Por regla general los tragos vendrán en pequeños vasos de plático repletos de hielo y con poco alcohol. Además, salvo contadas excepciones, casi siempre se paga entrada. Obviamente me falta mucho por ver y conocer del panorama fiestero miamense. Tampoco os he contado las fiestas en hoteles o en la playa a las que fui, o los festivales que cada barrio celebra. Pero por lo que se refiere a locales, lo cierto es que si vais con dinero y con ganas de pasarlo bien, en Miami no os faltará buena fiesta.